Nos fuimos despertando con muchísima pachorra, junto a la amable melodía del despertador. Mi primera reacción fue buscar la zapatilla y tratar de hacer mie... ese aparato del infierno. Creo que todos tuvimos lo mismo en mente, pero decidimos empezar a levantarnos muuuuuy lentamente, ordenar, meter todo en las valijas y partir sin que nos viera el conserje ya que habíamos pagado por 2 y en realidad éramos 5.
El primer paso que tomamos fue el ya clásico Starbucks, que a fuerza de buscar energías matinales es lo único pasable que hay, y que nunca te quema la lengua el café... La mañana tenía un tinte especial, una fresca brisa con ese aroma a océano pacífico. Contagioso es, una noche con ese entorno y ya estábamos todos en un estado medio de limbo. Y es sólo por el aire y la calma de la gente que habita las costas del pacífico.
Partimos al rato hacia el norte, siguiendo la trayectoria y paseando un poquito por el pueblo. Retomamos la costa, pero esta vez las empinadas laderas de los picos bajaban abruptamente hacia el mar. Casi siempre este escenario estaba acompañado de pinos, algunos puentes y la siempre presente ruta que cortaba el oblicuo horizonte.
Pasamos por lugares como Hearst Castle, San Simeon, Monterrey (donde almorzamos y nos morimos un poco de frío) y Santa Cruz donde conocimos la famosa rambla de Santa Cruz (???). Ahí nos tiramos un rato en la playa y con Nico fuimos a tomar algo. Como si fuera el destino terminamos tomando Daiquiris en un bar gay. Claramente lo dijo un/a asistente de la barra "Ese es un trago de pussy". Si no fuera porque daba miedo esta señorita (nacida señorita, de físico señorita, pero se sentía atraída por señoritas seguramente) le seguía conversación.
Volvimos a buscar a las chicas que estaban friéndose al sol para seguir viaje ya que aún faltaba un tramo para llegar a San Francisco. Disfrutamos el atardecer y las playas doradas, por el sol no por la arena, hasta pasando Moss Beach en donde encontramos un cartel que decía "Ruta Cortada, volver hasta ruta 92 y tomar la 280", eso quería decir volver como media hora, encima que estábamos llegando medio tarde. Por lo menos disfrutamos el atardecer en las costas californianas.
Empezamos a pisar suelo de San Francisco como 8:30 y el plan era ir derechito hasta Sausalito a cenar. Sin embargo hicimos una pequeña parada en el mirador al lado del Golden Gate que mira hacia San Francisco. El frío y el viento no logró acortar nuestra parada, ya que la vista era única.
En Sausalito buscamos el restaurant más caro en apariencia: Spinnaker. Todos comimos pastas, que estaban exquisitas, acompañadas de un riquísimo vino italiano... Todo esto con un ventanal mirando la bahía de San Francisco. Que careta, no?
Disfrutamos de la cena y la sobremesa y partimos a buscar el hotel Mark Twain que teníamos reservado. Con mapa en mano y sin tener idea de adonde estábamos llendo, nos fuimos ubicando y, sin querer, pasamos por la Lombard Street, la calle más sinuosa del mundo, a las 11 de la noche, cuando no hay ningún turista abriboca (durante el día hay miles que tratan de pasar por esta calle). Llegamos al hotel un poco tarde y con un poco de frío y tuvimos un poco de problemas con el conserje por el precio prometido. Después se solucionó, pasamos al quinto pasajero medio a escondidas (porque esta vez pagamos por 4), metimos todo adentro y un par se pusieron a buscar un lugar para dejar el auto durante la noche.
Por nuestra parte, bañito y a la cama..

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home