Vacaciones por USA 9na Entrega: San Francisco à la carte.
Ya estamos a 2 de Julio y la despertada fue durísima. Pero nos forzaba el tiempo límite para entregar el auto y evitar el sobrecargo. Partimos a buscar el auto del estacionamiento y a dejar el auto. En el lugar que estaba a media cuadra del hotel nos tuvieron como 40 mins para decirnos que no era ahí.
Así que partimos para el lugar indicado, que no sólo quedaba medio lejos sino que no estabamos seguros de como llegar. Para colmo en el camino teníamos que llenar el tanque. Como para hacerla un poco más simple San Francisco es bastante complicada para manejarse (calles y diagonales y la mayoría una sola mano, todo un lío).
Llegamos como 30 minutos después del horario de devolución, y el flaco quiso cobrarnos un BUEN monto por el retraso. Casi me lo como en guiso, si los otros inútiles nos tuvieron dando vueltas como pavos!!! Una vez aclarado el tema (diplomacia de por medio), les dejamos el auto y empezamos a conocer San Francisco. Obviamente antes apuntamos a algún lugar para desayunar, y afortunadamente encontramos un lugar italiano antes que un Starbucks. Espectacular desayuno!
Seguimos caminando con frío y niebla hacia el centro por Columbus Ave. De a poco empezamos a ver un escenario medio típico. Locos en la calle. En serio, en las esquinas de a 3 o 4, indigentes con problemitas mentales. Algunos gritando, otros vestidos como locos, otros simplemente con la mirada perdida. Se cuenta que se decidió cerrar los institutos mentales municipales y toda esa gente quedó en la calle. Yo creo que son los que se dedicaron a experimentar con LCD en el auge de la droga, con epicentro en esta ciudad (época y lugar donde se creó el Sg. Pepper Lonely Hearts Club de The Beatles), y ahora no tienen a donde ir y se quedaron con la esquizofrenia y la paranoia como efecto secundario.
La primer parada fue el Ayuntamiento y el mercado que tiene al frente. Después pasamos por una de las punta de línea del tranvía y amagamos a subir, pero quedó en amague. Seguimos con destino esquivo hasta que decidimos pasar por Chinatown. Muy bonita la entrada, y un poquito más bella que la de NY (con mucho olor a pescado podrido), pero nada de otro mundo y un poquito mugrienta. Sin embargo compramos un par de recuerditos...
Después de infinitas paradas por la parte femenina del grupo, salimos de Chinatown y entramos al barrio italiano, también conocido como North Beach, que aparentemente es mucho más divertido de noche, porque a la mañana esta casi todo cerrado. Encima en un Domingo que seguramente están todos los tanos reunidos en familia. Empezamos a avanzar hacia Pier 39, pero nos cruzamos por una calle muuuy empinada que decidimos escalar.
Al llegar al final de la calle, pasando una escuela en desnivel, nos encontramos con Telegraph Hill. Entramos a este parquecito urbano, y a un costado del sendero pavimentado que lleva a la cima, estaba un loco más, pero este estaba conciente. De origen europero (no recuerdo si alemán o italiano, pero hablaba ambos idiomas) y pintor de profesión. Una charla entretenida y un poquito más extensa de lo deseado. En lo alto de este chichon de San Francisco se encuentra el Coit Tower, desde el cual se observa tanto la Pensínsula como la bahía de San Francisco completa. Nosotros obviamos la subida (con cosssto) y nos quedamos con el mirador que era igual de bueno.
Después de obervar tranquilamente como la niebla lentamente se iba disipando y dejando al descubierto íconos tan emblemáticos como el Godlen Gate y Alcatraz, decidimos seguir nuestro camino hacia Pier 39.
Este camino de pocas cuadras es muy empinado, pero para abajo ahora, y plagado de casas particulares, el diseño más repetido es el de 2 pisos hecho con madera, una madera bien oscura, casi negra, y de apariencia porosa. Algo raro y vistoso a la vez.
Llegamos a este mundo de gente, que de punto turístico no tiene nada, sólo un punto comercial. Nosotros apuntamos directamente a buscar un lugar para almorzar. Al término, las señoritas decidieron dar una vuelta de compras por el lugar, por lo que aprovechamos para descansar un poco más mientras se terminó de despejar.
Agotada la paciencia, juntamos a los miembros del grupo de 5 y apuntamos para los puntos de ventas del Tour a Alcatraz. Sorprendidos y a la vez pinchados por la noticia que no había lugar hasta dentro de 3 días, empezamos a elucubrar opciones. La que decidimos, fue la de hacer el tour de la Bajía, el que lleva desde el puerto por abajo del Golden Gate y alrededor de Alcatraz. El viajecito estubo muy bueno y acompañado por gaviotas, a las cuales les teníamos miedo de que nos bombardearan con sus heces... Hubiera sido una cagada.
Después del viajecito, apuntamos para Lombard Street. Otro mundo de gente, tanto en auto como caminando. Subimos despacio por esta vereda ladeada por canteros llenos de flores y nos sentamos en la cima a ver el movimiento ecléctico de la gente y el tránsito, como la pasividad de la bahía en el fondo. Al rato decidimos pararnos para tomar el tranvía y así lo hicimos.
Cuando uno intenta entrar, el conductor te dice donde ponerte, ya que éstos son pequeños. A Nico, Lau, Fer y Euge les tocó parados en la parte cubierta, o sea atrás. A mí me paró y me mandó del otro lado. Adelante, pero colgando. Del lado izquierdo, o sea del lado que pasaría el tranvía que viene en dirección contraria. El mismo lugar que ocupó mi hermano mayor 14 años antes, cuando casi se lleva puesto el tranvía que venía de frente.
Dimos una vuelta larga y nos bajamos cerca del hotel como para apuntar ahí. Mientras que yo prefería quedarme y descansar un poco de la larguísima caminata, el resto prefirió dar una vuelta de compras. Laura desertó esa idea y se unió a la mía. Dormí una reparadora siesta hasta que llegó Mario, un amigo de Córdoba que estaba por laburo en San Francisco.
Después de eso nos organizamos y partimos hacia North Beach a cenar, el taxista nos recomendó un lugar muuuuy bonito. Un restaurant alejado de la zona transitada, sobre una ladera bien empinada, de arquitectura palacística y cocina francesa. Estado: cerrado... Lástima porque la vista era espectacular. Pegamos la vuelta y volvimos a donde había tránsito. Apuntamos a un restaurant, italiano obvio, que se llama La Gioconda. Igualito a lo que se imaginarían de un rest. italiano (de acuerdo a las películas).
Finalmente nos encontramos con comida buena en serio! Passsta bien casera y verdaderos italianos sirviendo. El que nos tocó era de Firenze. Hasta nos regalaron limoncello. Volvimos muy felices de haber disfrutado comida tan añorada. Habrán de imaginarse que después de tanta comida, vino y licor dormimos muuuuuy bien.
Ya estamos a 2 de Julio y la despertada fue durísima. Pero nos forzaba el tiempo límite para entregar el auto y evitar el sobrecargo. Partimos a buscar el auto del estacionamiento y a dejar el auto. En el lugar que estaba a media cuadra del hotel nos tuvieron como 40 mins para decirnos que no era ahí.
Así que partimos para el lugar indicado, que no sólo quedaba medio lejos sino que no estabamos seguros de como llegar. Para colmo en el camino teníamos que llenar el tanque. Como para hacerla un poco más simple San Francisco es bastante complicada para manejarse (calles y diagonales y la mayoría una sola mano, todo un lío).
Llegamos como 30 minutos después del horario de devolución, y el flaco quiso cobrarnos un BUEN monto por el retraso. Casi me lo como en guiso, si los otros inútiles nos tuvieron dando vueltas como pavos!!! Una vez aclarado el tema (diplomacia de por medio), les dejamos el auto y empezamos a conocer San Francisco. Obviamente antes apuntamos a algún lugar para desayunar, y afortunadamente encontramos un lugar italiano antes que un Starbucks. Espectacular desayuno!
Seguimos caminando con frío y niebla hacia el centro por Columbus Ave. De a poco empezamos a ver un escenario medio típico. Locos en la calle. En serio, en las esquinas de a 3 o 4, indigentes con problemitas mentales. Algunos gritando, otros vestidos como locos, otros simplemente con la mirada perdida. Se cuenta que se decidió cerrar los institutos mentales municipales y toda esa gente quedó en la calle. Yo creo que son los que se dedicaron a experimentar con LCD en el auge de la droga, con epicentro en esta ciudad (época y lugar donde se creó el Sg. Pepper Lonely Hearts Club de The Beatles), y ahora no tienen a donde ir y se quedaron con la esquizofrenia y la paranoia como efecto secundario.
La primer parada fue el Ayuntamiento y el mercado que tiene al frente. Después pasamos por una de las punta de línea del tranvía y amagamos a subir, pero quedó en amague. Seguimos con destino esquivo hasta que decidimos pasar por Chinatown. Muy bonita la entrada, y un poquito más bella que la de NY (con mucho olor a pescado podrido), pero nada de otro mundo y un poquito mugrienta. Sin embargo compramos un par de recuerditos...
Después de infinitas paradas por la parte femenina del grupo, salimos de Chinatown y entramos al barrio italiano, también conocido como North Beach, que aparentemente es mucho más divertido de noche, porque a la mañana esta casi todo cerrado. Encima en un Domingo que seguramente están todos los tanos reunidos en familia. Empezamos a avanzar hacia Pier 39, pero nos cruzamos por una calle muuuy empinada que decidimos escalar.
Al llegar al final de la calle, pasando una escuela en desnivel, nos encontramos con Telegraph Hill. Entramos a este parquecito urbano, y a un costado del sendero pavimentado que lleva a la cima, estaba un loco más, pero este estaba conciente. De origen europero (no recuerdo si alemán o italiano, pero hablaba ambos idiomas) y pintor de profesión. Una charla entretenida y un poquito más extensa de lo deseado. En lo alto de este chichon de San Francisco se encuentra el Coit Tower, desde el cual se observa tanto la Pensínsula como la bahía de San Francisco completa. Nosotros obviamos la subida (con cosssto) y nos quedamos con el mirador que era igual de bueno.
Después de obervar tranquilamente como la niebla lentamente se iba disipando y dejando al descubierto íconos tan emblemáticos como el Godlen Gate y Alcatraz, decidimos seguir nuestro camino hacia Pier 39.
Este camino de pocas cuadras es muy empinado, pero para abajo ahora, y plagado de casas particulares, el diseño más repetido es el de 2 pisos hecho con madera, una madera bien oscura, casi negra, y de apariencia porosa. Algo raro y vistoso a la vez.
Llegamos a este mundo de gente, que de punto turístico no tiene nada, sólo un punto comercial. Nosotros apuntamos directamente a buscar un lugar para almorzar. Al término, las señoritas decidieron dar una vuelta de compras por el lugar, por lo que aprovechamos para descansar un poco más mientras se terminó de despejar.
Agotada la paciencia, juntamos a los miembros del grupo de 5 y apuntamos para los puntos de ventas del Tour a Alcatraz. Sorprendidos y a la vez pinchados por la noticia que no había lugar hasta dentro de 3 días, empezamos a elucubrar opciones. La que decidimos, fue la de hacer el tour de la Bajía, el que lleva desde el puerto por abajo del Golden Gate y alrededor de Alcatraz. El viajecito estubo muy bueno y acompañado por gaviotas, a las cuales les teníamos miedo de que nos bombardearan con sus heces... Hubiera sido una cagada.
Después del viajecito, apuntamos para Lombard Street. Otro mundo de gente, tanto en auto como caminando. Subimos despacio por esta vereda ladeada por canteros llenos de flores y nos sentamos en la cima a ver el movimiento ecléctico de la gente y el tránsito, como la pasividad de la bahía en el fondo. Al rato decidimos pararnos para tomar el tranvía y así lo hicimos.
Cuando uno intenta entrar, el conductor te dice donde ponerte, ya que éstos son pequeños. A Nico, Lau, Fer y Euge les tocó parados en la parte cubierta, o sea atrás. A mí me paró y me mandó del otro lado. Adelante, pero colgando. Del lado izquierdo, o sea del lado que pasaría el tranvía que viene en dirección contraria. El mismo lugar que ocupó mi hermano mayor 14 años antes, cuando casi se lleva puesto el tranvía que venía de frente.
Dimos una vuelta larga y nos bajamos cerca del hotel como para apuntar ahí. Mientras que yo prefería quedarme y descansar un poco de la larguísima caminata, el resto prefirió dar una vuelta de compras. Laura desertó esa idea y se unió a la mía. Dormí una reparadora siesta hasta que llegó Mario, un amigo de Córdoba que estaba por laburo en San Francisco.
Después de eso nos organizamos y partimos hacia North Beach a cenar, el taxista nos recomendó un lugar muuuuy bonito. Un restaurant alejado de la zona transitada, sobre una ladera bien empinada, de arquitectura palacística y cocina francesa. Estado: cerrado... Lástima porque la vista era espectacular. Pegamos la vuelta y volvimos a donde había tránsito. Apuntamos a un restaurant, italiano obvio, que se llama La Gioconda. Igualito a lo que se imaginarían de un rest. italiano (de acuerdo a las películas).
Finalmente nos encontramos con comida buena en serio! Passsta bien casera y verdaderos italianos sirviendo. El que nos tocó era de Firenze. Hasta nos regalaron limoncello. Volvimos muy felices de haber disfrutado comida tan añorada. Habrán de imaginarse que después de tanta comida, vino y licor dormimos muuuuuy bien.

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